Ideal femenino IV
Arribé a París reconfortado y feliz, sin dudas ni oscuros temores. Mi mundo estaba nuevamente en orden y una cálida sensación de optimismo se me reflejaba en le rostro. Dentro de un tiempo me casaría con la mujer más adorable, formaría una familia y el miedo a perderla, el cual desde un tiempo a esta parte me atormentaba, cesaría eternamente. Mis amigos me felicitaron y comencé a buscar una casa para mi futura residencia.
Fingí eludir a Poesie y, pro algunas semanas, no fui a visitarle. Rehuía el momento de encontrarla, pues temía la abrumadora sensación de angustia y melancolía que me aprisionaba a su lado. Pero no me podía mentir por mucho tiempo. El deseo de verla era inmenso. Busqué una buena excusa para justificarme: era su médico, debía controlar su estado.
Encontré a Danielle en cama. Su doncella me explicó que desde hacía algunos días se sentía algo débil .No había querido mandar por mi, aduciendo que era normal estar de esa ,manera a la entrada del invierno.
Abrí la puerta de la alcoba. La encontré mirando por la ventana cubierta pro una bata blanca. Al percatarse de mi presencia, sus ojos rieron mientras fingía, pro broma una reverencia.
-“¡Querido Doctor!,¡Cuánto tiempo!”
Volvió a su cama y se deslizó entre las sabanas. Me senté frente a ella En aquel tiempo la enfermedad no había hecho estragos visibles en su cuerpo, pero no pude evitar advertir que parecía estar más pequeña, más débil.
-“A ver, ¿como se ha sentido, Mademosille?”-pregunté
“Bien, muy bien”-respondió animadamente, mientras anudaba le borde de una de sus sábanas.
-“Pero está en cama…”-objeté.
-“¡Oh!, solo ha sido algo de menor importancia…un mareo…¡poca cosa!”
De inmediato noté que su voz tenía un timbre distinto, esperanzado y que en sus ojos existía un brillito juguetón.
Charlamos de múltiples temas. En su compañía reconocí cuanto extrañaba estas tertulias. Se rió muchísimo y ese cambio de animo me asombró. Ignoraba loe que, en mi ausencia, le había ocurrido.
Cuando le tomé el pulso, se percató de mi anillo de compromiso .Me contempló silenciosa…fue como si algo se hubiese roto en su mirar.
-“¿Se ha comprometido?”
-“Si”-respondí avergonzado.
Ella callo y jugó con los volantes de su camisón.
-“Me casaré en un mes”- agregué
-“Bien”-respondió ella sin mirarme.
Aquella fue la última tarde que pasamos juntos
Al día siguiente recibí una corta nota mediante la cual Danielle me solicitaba, con corteses palabras, que fuera a verle.
Cuando desde la puerta oi el piano al llegar, un escalofrío recorrió mi espalda. Poesie cantaba, cantaba igual que el día que tuvo su última crisis. Atravesé la casa espantado, acelerando el paso más y más, conforme me acercaba a la sala. Los minutos se me hacían interminables, la distancia a franquear, inmensa.
Apreté el pomo de la puerta con las manos mojadas por la angustia .Pensaba encantarla cerrarla, mas no sucedió asi. Entré en silencio, temeroso. La contemplé nítidamente reflejada en le gran espejo frente al piano de cola. Examiné su rostro, estaba limpio de cualquier rastro de fiebre.
Como, la parecer, no notara mi presencia, fingí toser. Ella levantó la cabeza y advirtió mi figura en le cristal .Nos miramos de esta forma largo rato, en muda contemplación. Finalmente cerró el teclado y se levantó diciendo, sino voltearse y con voz indiferente:
-“Me alegro que haya venido”
Guardé silencio, esperando que continuase .El ambiente entre ambos era tenso. Al hacerse insoportable se volvió hacia mi, apretándose las manos.
+”Le he llamado para notificarle que ya no serán necesarios sus servicios”
+”¿Por qué?”-Murmuré contrariado.
-“Mañana parto para Alemania”-
Replicó sentándose con desgano en le taburete.
“¡¿Alemania?!”-Exclamé molesto-“¡Pero usted aun no está en condiciones de hacer semejante viaje!...Su salud es extremadamente delicada.¿Que pretende con eso?,¿Matarse?,¿Porqué esta decisión apresurada?...no me mencionó nada ayer por la tarde”
-“Lo olvidé”-adució secamente-“Hace mucho que tengo planeado este viaje”
La terquedad de Danielle me exasperaba. decidí ser inflexible, por su bien no la dejaría marchar.
-“Lo lamento , mas no podrá irse. Yo , como su médico, se lo prohibo”
Danielle se alzó lentamente. Irguió la cabeza orgullosa, altanera como jamás la había visto. Una sonrisa despectiva afloró a sus labios. Sus ojos me observaron sarcástica.
-“Usted se equivoca, Señor…Yo no le estoy pidiendo su autorización, solo se lo estoy comunicando”
-“Pero…”
-”Nada…si lo que le preocupa es que algo me ocurra en el camino , lo libero de toda responsabilidad. Ahora , buenas tardes.”
Me ofreció su mano desafiante, luego se volvió dando pro terminada la entrevista. Ella ha sido la única mujer capaz de hacerme sentir humillado.
Danielle se marchó a Alemania al día siguiente en compañía de Emilio. La culpa y el miedo que experimenté a su partida solo podía equipararse a la forma en que la extrañé.
Al final del mes me desposé con Lissete.ese día fue la mujer más bella que he visto en mi vida. Sus labios fueron dulces nuestra noche de bodas ( aun cuando he de confesar que no era la primera entre ambos) , y completa mi existencia los primero meses luego de nuestro enlace.
Sentí que mi vida estaba, por fin, equilibrada. Nada de lo que en le futuro podría acontecer me asustaba. A pesar de toda mi dicha, aquella funesta pesadilla me atormentaba cobrando nitidez con cada noche que pasaba. Cuando veía a Lissete alisarse el largo cabello por las mañanas, recordaba, si desearlo a Poesie. Estas dos últimas situaciones , eran las únicas que me ataban, aun, con Danielle.
Transcurrieron cerca de cinco meses. Una tarde Emilio golpeó a mi puerta.
-“¿Cómo estás , feliz recién casado?-saludó apoyándose en le marco del pórtico. Reía, con esa chispa divertida en sus ojos negros, enseñándome un sobre-“Poesie te manda esto”
-“¿Poesie?...¿Ha vuelto?”-exclamé turbado.
“Si, hace algunos días…veo en tu cara la pregunta. No te apures, está perfectamente. Yo diría que el aire de Alemania la ha curado completamente.¡Vieras lo linda que se ha
puesto!..que estúpido soy, aun hablo de ella como si fuera una niña…”
Emilio pasó la tarde conmigo, pero yo ansiaba que se marchara. Me devoraba la curiosidad pro leer la carta.
Por la noche, a escondidas de Lissete, y con las manos trémulas, rompí el sobre. Era una invitación .Poesie daría una fiesta de máscaras el sábado siguiente.
***










